Corazón y TensiónGuía de tensión y colesterol para mayores de 45

¿Cuánto marca su tensión?

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Publicado 22 de septiembre de 2026 Actualizado 22 de septiembre de 2026 Revisado por la redacción (Redacción de Corazón y Tensión) 12 min de lectura

Mis dos cifras: tensión y colesterol se suman en el mismo riesgo

Dos objetos alineados sobre fondo blanco, muy separados: a la izquierda un tubo de análisis de sangre con tapón granate apoyado en una gradilla pequeña, a la derecha un manguito de tensión doblado; sin aparato, sin pantallas, sin texto

Respuesta corta. La tensión y el colesterol no son dos problemas paralelos, entran en la misma cuenta. El cálculo de riesgo que usan los médicos españoles, el SCORE2, estima la probabilidad de sufrir un infarto, un ictus o una muerte de origen vascular en diez años con cinco variables —sexo, edad, tabaquismo, tensión arterial sistólica y colesterol no-HDL—, y dos de ellas son justamente sus cifras. De ahí que tenerlas «solo un poco altas» las dos no equivalga a estar bien por partida doble.

¿Por qué se miran juntas la tensión y el colesterol?

Porque el resultado que interesa no es ninguna de las dos por separado, es el riesgo a diez años que resulta de sumarlas. El Comité Español Interdisciplinar para la Prevención Vascular recomienda calcularlo con las tablas SCORE2 en adultos de 40 a 89 años. El SCORE2 sirve hasta los 70 y el SCORE2-OP, construido con otras cohortes, llega hasta los 89. Las variables que entran en ese cálculo son cinco: sexo, edad, tabaquismo —como un sí o un no—, tensión arterial sistólica y colesterol no-HDL, que en esta versión sustituye al colesterol total. La diabetes no aparece en la lista por un motivo que conviene entender, se considera de entrada una condición de riesgo alto, y para esos pacientes hay tablas propias.

Esto tiene una consecuencia práctica poco intuitiva. La misma cifra de colesterol pesa distinto según cómo esté la tensión, y al contrario. Es la razón por la que dos personas con el mismo LDL reciben decisiones diferentes, y por la que rebajar la conversación a «tengo el colesterol un poco alto» pierde información.

Las tablas SCORE2 están calibradas por regiones europeas según la mortalidad vascular de cada zona, y España se clasifica entre los países de riesgo cardiovascular bajo, dentro de un gradiente que empeora de oeste a este. Es un punto de partida favorable del país, no un certificado individual. Detrás de esas tablas hay un análisis de 45 cohortes de 43 países, con 677.684 personas y 30.121 episodios cardiovasculares.

El resultado se lee además por franja de edad, y esto explica por qué un mismo porcentaje no significa lo mismo a los 48 que a los 72 años.

Menos de 50 años
Riesgo bajo o moderado
< 2,5 %
Riesgo alto
2,5 % a < 7,5 %
Riesgo muy alto
≥ 7,5 %
50-69 años
Riesgo bajo o moderado
< 5 %
Riesgo alto
5 % a < 10 %
Riesgo muy alto
≥ 10 %
70 años o más
Riesgo bajo o moderado
< 7,5 %
Riesgo alto
7,5 % a < 15 %
Riesgo muy alto
≥ 15 %

Un 6 % a diez años, por ejemplo, es riesgo alto a los 45 años y riesgo bajo-moderado a los 72. Por eso la cifra que importa no es el porcentaje suelto, sino la categoría en la que cae, que es la que después fija el objetivo de colesterol.

¿Cómo se lee la primera cifra, la tensión?

Con tres categorías, que son las que la Guía ESC 2024 puso en circulación al sustituir la antigua clasificación de «óptima, normal y normal-alta».

Categoría (Guía ESC 2024) En la consulta En casa, con AMPA
PA no elevada Sistólica < 120 y diastólica < 70 mmHg < 120/70 mmHg
PA elevada Sistólica 120-139 o diastólica 70-89 mmHg 120/70 a < 135/85 mmHg
Hipertensión Sistólica ≥ 140 o diastólica ≥ 90 mmHg, confirmada ≥ 135/85 mmHg

Dos detalles confunden a quien recuerda cifras antiguas. El umbral diastólico de referencia bajó de 85 a 70 mmHg respecto a la versión de 2018, así que mucha gente que se consideraba «normal-alta» entra ahora en la categoría de PA elevada; y en casa los umbrales son más bajos que en la consulta, porque el entorno también cuenta.

El umbral que define la hipertensión, 140/90 mmHg en consulta, es el mismo para todos los adultos, sin variación por edad. La Guía ESC 2024 no incluye ninguna tabla de valores normales por edad; lo que sí cambia en las personas de 85 años o más, frágiles o con hipotensión ortostática sintomática, son los objetivos de tratamiento, no el umbral que define la enfermedad. La tabla completa está en valores normales de tensión arterial.

¿Cómo se lee la segunda cifra, el colesterol?

Por categoría de riesgo, no por un límite único. Los Estándares SEA 2024 fijan el umbral a partir del cual se recomienda tratar según la situación de partida, y en el cálculo del SCORE2 la cifra que entra es el colesterol no-HDL, que se obtiene restando el HDL al colesterol total.

Puesto en limpio: sin enfermedad cardiovascular, diabetes ni enfermedad renal, el umbral está en un cLDL por encima de 116 mg/dL y se matiza con el SCORE2; con diabetes tipo 2 sin complicaciones, en 70 mg/dL; y si ya hubo un infarto, un ictus, arteriopatía periférica o placas obstructivas, en 55 mg/dL. La tabla entera, con la enfermedad renal crónica, el colesterol no-HDL y los tramos de HDL y triglicéridos, está en colesterol alto.

En tratamiento, los objetivos que marca el mismo documento son un cLDL por debajo de 70 mg/dL en riesgo alto y por debajo de 55 mg/dL en riesgo muy alto, y en los dos casos con una condición añadida que casi nunca se traduce, bajar además al menos el 50 % respecto al valor de partida. En riesgo bajo o moderado no hay una cifra que perseguir, hay recomendaciones de hábitos.

¿Qué pasa cuando las dos están altas?

Que la categoría de riesgo sube y, con ella, la exigencia sobre el colesterol. El mecanismo es el descrito. La tensión sistólica es una de las entradas del SCORE2, el riesgo calculado decide la categoría, y la categoría fija el objetivo de cLDL. Una tensión peor empuja la meta de colesterol hacia abajo sin que el colesterol se haya movido.

Y ahí la diferencia entre umbrales tiene consecuencias reales. Pasar de «no precisa tratamiento farmacológico salvo cLDL muy elevado» a «objetivo por debajo de 70 mg/dL con tratamiento de alta intensidad» no es un matiz de matices, es la diferencia entre salir de la consulta con consejos o con una receta.

Lo que el tratamiento aporta también está cuantificado. Las estatinas reducen el riesgo relativo de enfermedad vascular ateroesclerótica alrededor de un 22 % por cada mmol/L de descenso del cLDL, unos 39 mg/dL, y el beneficio absoluto es mayor cuanto más alto es el riesgo de partida.

¿Cómo consigo cifras fiables antes de la consulta?

La cifra de tensión que sirve para decidir no es una lectura suelta. El protocolo de automedida domiciliaria que describe la Guía ESC 2024 es concreto y se puede seguir sin ayuda.

  • Aparato oscilométrico de brazo validado, habitación tranquila, 5 minutos de reposo antes, espalda y brazo apoyados.
  • Dos medidas en cada sesión, con 1-2 minutos entre ellas. Las tres medidas con media de las dos últimas son las de la consulta, no las de casa.
  • Una serie por la mañana y otra al final del día, repetidas 3 días como mínimo y 7 si se puede.
  • Las de la mañana, antes del desayuno y antes de la medicación, pero no justo al levantarse.
  • Se anotan todas y se calcula la media; si tras tres días la media queda cerca de los umbrales de tratamiento, conviene seguir midiendo otros siete.

Con el colesterol el procedimiento es más sencillo porque no depende de usted. La analítica de lípidos la solicita el médico de cabecera. Lo que sí conviene es llevar el informe completo y no solo el colesterol total, porque el desglose es lo que permite aplicar los umbrales. La técnica de medición, con los errores habituales, está en cómo medir la tensión en casa.

¿Puede una pastilla para la tensión mover el colesterol?

Sí, y conviene saberlo antes de buscar explicaciones en la comida. La ficha técnica de la hidroclorotiazida publicada en CIMA recoge entre sus reacciones muy frecuentes —a partir de una de cada diez personas— la bajada de potasio en sangre y el aumento de lípidos en sangre.

Con el amlodipino no ocurre lo mismo. Su ficha técnica señala que no se ha relacionado con alteraciones de los lípidos plasmáticos y que es adecuado en pacientes con asma, diabetes o gota.

Esto no se traduce en pedir un cambio de pastilla, y menos en dejarla. Se traduce en una frase en la consulta: «tomo un diurético desde hace medio año y el colesterol ha subido sin que yo haya cambiado nada». El repaso de cada familia está en medicamentos para la tensión.

Un dato incómodo sobre el control real

En el estudio Di@bet.es, la referencia española más citada sobre hipertensión, la prevalencia global era del 42,6 % en adultos, con un 49,9 % en hombres y un 37,1 % en mujeres, y subía con la edad, 44,4 % entre los 46 y los 60 años y 75,4 % entre los 61 y los 75.

Lo llamativo es el resto de la cuenta. Un 37,4 % de los hipertensos desconocía su diagnóstico; entre los diagnosticados, el 88,3 % recibía tratamiento farmacológico, y aun así solo el 26,6 % de los tratados —y el 23,9 % del total de hipertensos— tenía la tensión controlada por debajo de 140/90 mmHg.

Es un trabajo de campo de 2009-2010, y no hemos localizado una repetición nacional más reciente con el mismo desglose por edad, así que se cita como referencia histórica y no como foto del año en curso. Aun con esa cautela, el mensaje aguanta. Estar tratado y estar controlado no son lo mismo, y la diferencia entre las dos cosas se comprueba midiendo.

Cuándo esto deja de ser una conversación de cifras

Emergencia hipertensiva. Una tensión de 180/110 mmHg o más acompañada de síntomas —dolor de cabeza intenso, alteraciones de la visión, dolor en el pecho, dificultad para respirar, mareo o déficits neurológicos— es motivo de atención inmediata en urgencias, no de repetir la medida en casa. La Guía ESC 2024 reserva ese término para la tensión muy alta con daño orgánico agudo.

Cifras altas sin síntomas ni daño orgánico son otra cosa: la guía las llama urgencia hipertensiva, no suelen requerir ingreso y se manejan con fármacos orales y una revisión más próxima de lo habitual. La diferencia, con más detalle, está en cuándo no esperar a la consulta.

Qué preguntar en la consulta

Cinco preguntas que ordenan la visita y se responden con los datos de esta página.

  1. ¿En qué categoría de riesgo estoy según el SCORE2, y con qué cifras se ha calculado?
  2. ¿Qué objetivo de cLDL me corresponde: menos de 116, menos de 70 o menos de 55 mg/dL?
  3. ¿Mi tensión entra en «PA elevada» o en «hipertensión», y con qué método se ha confirmado?
  4. ¿Conviene que traiga una serie de automedidas de 7 días antes de decidir algo?
  5. Con el tratamiento que llevo, ¿hay algún fármaco que pueda estar moviendo mis lípidos?

Qué hace y qué no hace esta página

Aquí encontrará cómo se combinan las dos cifras en el cálculo de riesgo español, qué umbrales se aplican a cada una, cómo obtener lecturas fiables en casa y qué preguntar cuando las dos aparecen altas en el mismo informe.

Aquí no hay cálculo de riesgo ni interpretación de su caso. El SCORE2 lo aplica su médico con sus datos, y una categoría de riesgo no se deduce de un artículo. Cómo trabajamos con las fuentes está en cómo trabajamos.

Todo lo publicado sobre las dos cifras está reunido en Corazón y Tensión.

Aviso médico. Esta página informa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ningún tratamiento prescrito se modifica a partir de lo que se lee aquí.

Fuentes utilizadas 6

Preguntas frecuentes

¿Qué relación hay entre la tensión alta y el colesterol alto?

Comparten la misma cuenta de riesgo. El cálculo SCORE2, recomendado por el Comité Español Interdisciplinar para la Prevención Vascular en adultos de 40 a 89 años, estima el riesgo de infarto, ictus o muerte vascular a diez años con cinco variables: sexo, edad, tabaquismo, tensión sistólica y colesterol no-HDL. Por eso una tensión peor endurece el objetivo de colesterol sin que la cifra de colesterol haya cambiado.

¿Cómo se calcula el riesgo cardiovascular en España?

Con las tablas SCORE2 y su versión para mayores de 70 años, SCORE2-OP, calibradas por regiones europeas según la mortalidad vascular de cada zona; España figura entre los países de riesgo cardiovascular bajo. El cálculo lo hace el profesional sanitario con las cinco variables de la persona —sexo, edad, tabaquismo, tensión sistólica y colesterol no-HDL—, y el resultado es lo que sitúa a cada uno en riesgo bajo, moderado, alto o muy alto, categorías que a su vez fijan el objetivo de colesterol LDL.

¿Qué cifra de colesterol es alta si además tengo la tensión alta?

No hay una cifra distinta «para hipertensos»: hay una categoría de riesgo que la tensión ayuda a determinar. Los Estándares SEA 2024 establecen el umbral en un cLDL por encima de 116 mg/dL en personas sin enfermedad cardiovascular, diabetes ni enfermedad renal, matizado por el riesgo SCORE2, y en riesgo alto o muy alto los objetivos de tratamiento bajan a menos de 70 y menos de 55 mg/dL respectivamente.

¿Cuántas veces tengo que medirme la tensión en casa?

El protocolo de la Guía ESC 2024 pide dos medidas seguidas, separadas 1-2 minutos, en dos momentos del día, repetidas tres días como mínimo y siete a ser posible, siempre con cinco minutos de reposo previos y el brazo apoyado. Se anotan todas y se hace la media. Si tras los tres primeros días la media queda cerca de los umbrales de tratamiento, la propia guía recomienda continuar otros siete días.

¿Tener las dos cifras «un poco altas» es grave?

No es una emergencia, pero tampoco es neutro: en el SCORE2 las dos entran en el mismo cálculo y se acumulan. Conviene recordar además que la Guía ESC 2024 llama «PA elevada» a la franja de 120-139 de sistólica o 70-89 de diastólica, es decir, a valores que antes muchos consideraban normales. La forma de resolver la duda es el cálculo de riesgo en la consulta, no la comparación con la cifra de un conocido.

¿Con qué cifras y con qué síntomas hay que ir a urgencias?

Cuando hay 180/110 mmHg o más junto con síntomas como dolor de cabeza intenso, alteraciones visuales, dolor en el pecho, dificultad para respirar, mareo o déficits neurológicos: eso es lo que la Guía ESC 2024 describe como emergencia hipertensiva y requiere atención inmediata. Una cifra muy alta sin síntomas ni daño orgánico agudo corresponde a la llamada urgencia hipertensiva, que se maneja con fármacos orales y una revisión más próxima, no con un ingreso.