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Publicado 22 de septiembre de 2026 Actualizado 22 de septiembre de 2026 Revisado por la redacción (Redacción de Corazón y Tensión) 16 min de lectura

Colesterol alto: qué cifra es alta y por qué depende de su riesgo

Tubo de análisis de sangre vacío y un vial de tapón de rosca sobre una superficie blanca, iluminados con luz suave y sin ninguna etiqueta visible

Respuesta corta. No existe una cifra única de colesterol que sirva para todo el mundo. Los Estándares SEA 2024, el documento que usan los médicos españoles, definen «colesterol elevado» como el valor a partir del cual conviene tratar, y ese valor cambia según el riesgo vascular de cada persona. Por encima de 116 mg/dL de colesterol LDL en alguien sin enfermedad cardiovascular, diabetes ni enfermedad renal; por encima de 70 mg/dL en diabetes tipo 2 sin otros factores; por encima de 55 mg/dL en quien ya ha tenido un infarto, un ictus o tiene placas obstructivas. Con 220 mg/dL de colesterol total, dos personas pueden recibir dos decisiones distintas, y ambas correctas.

¿Desde qué cifra se considera colesterol alto?

Desde la cifra en la que, con su riesgo vascular, el beneficio de bajarla compensa. Los Estándares SEA 2024 lo dicen sin rodeos. No hay un valor «óptimo» único de colesterol total ni de LDL, porque cuanto más bajo, mejor. Lo que la tabla oficial fija es el umbral de decisión, y va por situaciones clínicas, seis filas que ordenan de la más exigente a la más permisiva.

Situación de partida Umbral de hipercolesterolemia (SEA 2024)
Ya ha habido enfermedad coronaria, cerebrovascular o arterial periférica, o hay placas obstructivas en carótidas o coronarias cLDL > 55 mg/dL o colesterol no-HDL > 85 mg/dL
Diabetes tipo 2 con lesión de órgano diana, enfermedad vascular subclínica o ≥3 factores de riesgo cLDL > 55 mg/dL o no-HDL > 85 mg/dL
Diabetes tipo 2 sin esos factores cLDL > 70 mg/dL o no-HDL > 100 mg/dL
Enfermedad renal crónica en grado 3, sin lesión de órgano diana ni enfermedad vascular subclínica cLDL > 70 mg/dL o no-HDL > 100 mg/dL
Enfermedad renal crónica en grado 3 con lesión de órgano diana o enfermedad vascular subclínica, o en grados 4 y 5 cLDL > 55 mg/dL o no-HDL > 85 mg/dL
Sin enfermedad cardiovascular, sin diabetes y sin enfermedad renal crónica cLDL > 116 mg/dL, matizado por el riesgo bajo o moderado según SCORE2

Esto explica una escena habitual en la consulta. Dos vecinos con el mismo papel de laboratorio en la mano salen con instrucciones diferentes. A uno le hablan de comida y de ejercicio; al otro le recetan una pastilla el mismo día. La cifra era idéntica; el riesgo de partida, no.

Hay una excepción que no necesita calculadora. Con un cLDL por encima de 190 mg/dL, los Estándares SEA 2024 consideran a esa persona de riesgo alto por definición, sin esperar al cálculo, porque a ese nivel hay que descartar una hipercolesterolemia familiar.

¿Qué significan LDL, HDL, no-HDL y triglicéridos en la analítica?

Son cuatro líneas del mismo informe y miden cosas distintas. Conviene leerlas en este orden, porque la primera manda y la última se malinterpreta a diario.

Línea del informe Qué es Referencia de los Estándares SEA 2024
cLDL El colesterol que viaja en las partículas que dejan depósito en la pared arterial; es la cifra sobre la que se decide el tratamiento Umbral según riesgo: 55, 70 o 116 mg/dL
cHDL El colesterol de las partículas que retiran colesterol de los tejidos; aquí lo que preocupa es tenerlo bajo Bajo por debajo de 40 mg/dL en varones y de 45-50 mg/dL en mujeres, según el criterio que se aplique
Colesterol no-HDL El colesterol total menos el HDL; resume todas las partículas que dejan depósito Umbral > 85 mg/dL en prevención secundaria
Triglicéridos Otra grasa de la sangre, con tramos de gravedad propios Deseables < 150 mg/dL

El colesterol no-HDL es la línea que menos se explica y la que más se usa por detrás. Se calcula restando el HDL del colesterol total. Tiene la ventaja de contar de una vez todas las partículas que dejan depósito, y por eso es la cifra de colesterol que entra en el cálculo de riesgo SCORE2, no el LDL.

Con los triglicéridos, los Estándares SEA 2024 usan cuatro tramos: deseable por debajo de 150 mg/dL, hipertrigliceridemia leve entre 150 y 499, moderada entre 500 y 1.000, y grave por encima de 1.000 mg/dL. Es la única línea del informe donde un resultado muy alto cambia la conversación de golpe, porque deja de ser un asunto de riesgo a diez años.

¿Cuál es el objetivo de LDL en tratamiento?

El objetivo depende de la categoría de riesgo, y los Estándares SEA 2024 lo ordenan en su tabla de indicaciones de tratamiento hipolipemiante.

Riesgo vascular Qué indica la tabla SEA 2024
Bajo o moderado Recomendaciones de hábitos de vida; en general no precisa tratamiento farmacológico, salvo cLDL muy elevado
Alto Objetivo cLDL < 70 mg/dL y, además, un descenso de al menos el 50 % respecto al valor de partida, con tratamiento hipolipemiante de alta intensidad
Muy alto Objetivo cLDL < 55 mg/dL y un descenso de al menos el 50 %, con tratamiento de alta o muy alta intensidad

El doble criterio de la última columna es el que más se pierde en las traducciones de bolsillo. No basta con cruzar la línea de 70 o de 55 mg/dL; el documento pide también que la cifra haya bajado la mitad respecto a la de partida, porque quien empieza en 190 y termina en 68 no ha recorrido el mismo camino que quien empezaba en 80.

Y una frontera concreta dentro del riesgo bajo-moderado, por si aparece en su informe. Con un cLDL entre 115 y 190 mg/dL el tratamiento se apoya en cambios de estilo de vida, y el propio documento señala que «podría estar indicado el uso de alimentos funcionales enriquecidos en fitosteroles y fibra»; por debajo de 115 mg/dL, en esa misma situación, no hay que hacer nada concreto. Los fármacos en ese grupo no están universalmente aceptados y se valoran uno a uno cuando coinciden dos factores de riesgo —edad (hombres de más de 45 años, mujeres de más de 50), obesidad, tabaquismo, hipertensión, antecedentes familiares de enfermedad vascular precoz, dislipemia aterogénica, síndrome metabólico o una Lp(a) por encima de 50 mg/dL—.

Fíjese en el detalle que casi nunca se traduce bien. En riesgo bajo o moderado, el documento no habla de una cifra que haya que perseguir; habla de hábitos. La cifra objetivo aparece cuando el riesgo ya es alto o muy alto. Esa es la razón de fondo por la que la pregunta «¿cuál es mi colesterol normal?» no tiene una respuesta corta, y por la que dos analíticas iguales reciben dos planes distintos.

Lo que cambia con el tratamiento también está medido. En ensayos y metaanálisis, las estatinas reducen el riesgo relativo de enfermedad vascular ateroesclerótica alrededor de un 22 % por cada mmol/L de descenso del cLDL, que equivale a unos 39 mg/dL, y ese porcentaje es independiente del riesgo de partida. El beneficio absoluto, en cambio, sí depende del riesgo. Bajar 39 mg/dL protege mucho más a quien ya ha tenido un evento que a quien parte de un riesgo bajo. De ahí que la misma reducción no valga lo mismo en dos personas, y que la prioridad sea tratar a quien más tiene en juego. Los detalles de las estatinas y de sus efectos adversos están en cómo bajar el colesterol sin medicamentos.

¿Qué es el SCORE2 y quién lo calcula?

El SCORE2 es la tabla con la que el médico estima el riesgo de sufrir un infarto, un ictus o una muerte de origen vascular en los próximos diez años. El Comité Español Interdisciplinar para la Prevención Vascular recomienda su uso en adultos de 40 a 89 años. El SCORE2 sirve hasta los 70 y el SCORE2-OP, desarrollado con otras cohortes, cubre de ahí en adelante. Las variables que entran son cinco: sexo, edad, tabaquismo, tensión arterial sistólica y colesterol no-HDL, que en esta versión sustituyó al colesterol total. La diabetes no figura entre ellas porque se considera de entrada una condición de riesgo alto, con tablas propias.

Las tablas están calibradas por regiones europeas según la mortalidad vascular de cada zona, y España figura entre los países de riesgo bajo. Eso es una buena noticia de partida y no una autorización para desentenderse; lo que la calibración hace es ajustar la escala del país, no la suya.

Aquí se ve por qué la tensión y el colesterol no son dos temas separados, entran juntos en la misma cuenta. Cómo se combinan en la práctica lo desarrollamos en mis dos cifras.

¿Por qué no hay una tabla de colesterol normal por edad?

Porque el documento español de referencia no ordena los umbrales por edad, los ordena por categoría de riesgo. En los Estándares SEA 2024 las filas de la tabla de criterios diagnósticos son situaciones clínicas —prevención secundaria, diabetes tipo 2, ausencia de enfermedad— y no tramos de 40, 50 o 60 años.

La edad sí cuenta, y mucho, pero entra por otra puerta. Es una de las cinco variables del SCORE2, junto con el sexo. Además, el porcentaje de riesgo se interpreta por franjas de edad, de modo que un mismo 6 % a diez años cae en riesgo alto antes de los 50 años y en riesgo bajo-moderado a partir de los 70. Es decir, la edad modifica el riesgo calculado, y es el riesgo el que fija el umbral. Una tabla de «colesterol normal a los 60» salta ese paso intermedio, y ese paso es justamente donde se decide.

¿El colesterol alto da síntomas?

El diagnóstico es analítico, no clínico. Todos los umbrales de los Estándares SEA 2024 están definidos sobre valores de laboratorio —cLDL, colesterol no-HDL, triglicéridos, cHDL—, y ninguno sobre molestias que la persona pueda notar. Cuando alguien busca «síntomas del colesterol alto» está buscando algo que el propio criterio diagnóstico no contempla.

De ahí que el único camino para saberlo sea la analítica, y que la conversación útil no sea «¿me noto algo?», sino «¿cuándo me toca el próximo control y con qué riesgo de partida lo interpreto?».

¿Y si en el informe solo aparece el colesterol total?

Entonces falta la cifra que decide. Todos los umbrales de los Estándares SEA 2024 están escritos sobre el cLDL o sobre el colesterol no-HDL, y ninguno sobre el colesterol total. Con un total de 230 mg/dL no se puede saber si ese valor corresponde a un LDL de 130 con un HDL alto o a un LDL de 170 con un HDL bajo, y esas dos situaciones no reciben la misma decisión.

Hay una salida sencilla cuando el informe trae el total y el HDL. El colesterol no-HDL se obtiene restando el segundo del primero, y para prevención secundaria los Estándares SEA 2024 fijan su umbral por encima de 85 mg/dL. No sustituye al perfil completo, pero orienta.

Lo razonable, si en el papel falta el desglose, es preguntar en el centro de salud si procede repetir la analítica con perfil lipídico completo. La decisión de repetirla y con qué frecuencia depende de su riesgo, y esa parte no se resuelve leyendo un artículo.

¿Qué es la dislipemia aterogénica?

Es la combinación de triglicéridos por encima de 150 mg/dL con colesterol HDL bajo —por debajo de 40 mg/dL en varones y de 45 mg/dL en mujeres—, y se acompaña de un aumento del número de partículas LDL pequeñas y densas. Así la definen los Estándares SEA 2024.

Importa porque es el patrón que pasa desapercibido cuando se mira solo el colesterol total. Alguien puede tener un total discreto, un LDL aparentemente correcto y, aun así, este perfil. La palabra que suele aparecer en el informe es dislipemia, y significa que el reparto de las grasas en sangre está alterado, no necesariamente que el total esté disparado.

Un aviso sobre el cHDL de las mujeres, porque el propio documento usa dos cifras según el contexto: 45 mg/dL al definir la dislipemia aterogénica y 50 mg/dL al definir el síndrome metabólico. No son un error ni una contradicción, son dos definiciones distintas, y conviene saber cuál se está aplicando antes de dar por bajo un resultado.

¿Qué puede subir el colesterol sin que se note?

Hay una vía que casi nadie mira y que afecta de lleno a nuestra audiencia, la propia medicación de la tensión. La ficha técnica de la hidroclorotiazida publicada en CIMA, la base de datos de la Agencia Española de Medicamentos, recoge como reacciones muy frecuentes —a partir de una persona de cada diez— la bajada de potasio en sangre y el aumento de lípidos en sangre.

Con otros antihipertensivos no ocurre lo mismo. La ficha técnica del amlodipino señala expresamente que no se ha relacionado con alteraciones de los lípidos plasmáticos, y que es adecuado en pacientes con asma, diabetes o gota.

Esto no es un argumento para dejar nada. Es un argumento para llevar el dato a la consulta cuando el colesterol sube sin explicación aparente y hay un diurético en la receta desde hace meses. Qué hace cada familia de pastillas para la tensión está en medicamentos para la tensión.

Hay además un factor que no se ve en ningún hábito. Con cLDL por encima de 190 mg/dL, los Estándares SEA 2024 apuntan a una posible hipercolesterolemia familiar. Es una condición hereditaria, de ahí que el antecedente de infartos tempranos en la familia sea una pregunta que el médico hace con motivo.

¿Quién pide la analítica y a dónde se deriva?

El colesterol se maneja en atención primaria. Es el médico de cabecera quien solicita la analítica de lípidos, quien interpreta el riesgo, quien inicia y ajusta el tratamiento en la mayoría de los casos, y quien deriva a cardiología cuando hay hipertensión resistente, sospecha de causa secundaria, daño orgánico relevante o un riesgo muy alto sin aclarar.

Conviene saber lo que hay al otro lado de esa derivación. Según los datos del Ministerio de Sanidad a 31 de diciembre de 2025, en primeras consultas de cardiología el sistema público registraba 2,14 pacientes en espera por cada 1.000 habitantes, con un tiempo medio de 68 días y un 49,2 % de los pacientes esperando más de 60 días. Es una media nacional agregada y la variabilidad entre comunidades es alta, así que no es un plazo garantizado en ningún sitio concreto.

El resto de temas de tensión y colesterol están ordenados en la portada de Corazón y Tensión.

La lectura práctica es doble. La puerta rápida es el centro de salud, no el especialista, y en esas semanas de espera lo único que queda por completo en manos de la persona es lo que come, lo que se mueve, lo que bebe y lo que fuma. Por dónde empezar está en qué comer con el colesterol alto.

Qué hace y qué no hace esta página

Aquí encontrará los umbrales oficiales españoles con su fuente y su fecha, qué mide cada línea de la analítica y cómo se ordena el riesgo antes de decidir nada. Está escrito para que el papel del laboratorio se entienda antes de entrar en la consulta.

El diagnóstico y la pauta quedan fuera de este texto por un motivo sencillo. Su categoría de riesgo no se deduce de un artículo. Se calcula con su edad, su tensión, su tabaquismo, sus antecedentes y sus analíticas delante. Cómo seleccionamos las fuentes y qué hacemos con los datos que no podemos verificar está en cómo trabajamos.

Aviso médico. Este texto sirve para leer la analítica con criterio; interpretarla en su caso corresponde a su médico. Ningún ajuste de medicación, ni de más ni de menos, se decide leyendo una web.

Por qué no publicamos una tabla de colesterol por edad

Los Estándares SEA 2024 ordenan los umbrales por riesgo vascular, no por décadas de vida, así que fabricar la tabla que falta sería inventar una precisión que el propio documento no ofrece. Y esa tabla, aunque cómoda, induciría a un error caro: quien lee «a los 60 lo normal es X» se tranquiliza o se alarma por la cifra sola, cuando lo que decide es el conjunto —tensión, tabaco, diabetes, antecedentes.

Ya existe algo mejor que inventar rangos por edad. El SCORE2, que su médico de cabecera ya usa, ordena esas mismas variables en el orden correcto.

Fuentes utilizadas 6

Preguntas frecuentes

¿Cuándo hay que preocuparse por el colesterol alto?

Cuando la cifra cruza el umbral que corresponde a su situación, no cuando cruza un número general. Según los Estándares SEA 2024, ese umbral es un cLDL por encima de 116 mg/dL en personas sin enfermedad cardiovascular, diabetes ni enfermedad renal crónica, matizado por el riesgo calculado con SCORE2; por encima de 70 mg/dL en diabetes tipo 2 sin otros factores; y por encima de 55 mg/dL en prevención secundaria o en diabetes tipo 2 con lesión de órgano diana, enfermedad vascular subclínica o tres o más factores de riesgo. Un cLDL superior a 190 mg/dL clasifica como riesgo alto por sí solo.

¿Cuál es el colesterol malo y cuál el bueno?

El llamado «malo» es el cLDL, el colesterol que transportan las partículas que dejan depósito en la pared arterial, y es la cifra sobre la que se decide el tratamiento. El «bueno» es el cHDL, y con él el problema es tenerlo bajo: los Estándares SEA 2024 hablan de cHDL bajo por debajo de 40 mg/dL en varones y de 45 a 50 mg/dL en mujeres, según la definición que se aplique. Son etiquetas prácticas, no categorías morales: lo que se valora es el conjunto del perfil lipídico.

¿Qué es el colesterol no-HDL y por qué me lo miran?

Es el resultado de restar el colesterol HDL al colesterol total, y agrupa de una sola vez todas las partículas que dejan depósito en las arterias. Se usa por dos motivos: en prevención secundaria los Estándares SEA 2024 fijan un umbral propio, por encima de 85 mg/dL, y es la cifra de colesterol que entra en el cálculo de riesgo SCORE2, por delante del LDL.

¿Los triglicéridos altos son lo mismo que el colesterol alto?

No. Son otra grasa de la sangre y tienen sus propios tramos: los Estándares SEA 2024 los consideran deseables por debajo de 150 mg/dL, hablan de hipertrigliceridemia leve entre 150 y 499 mg/dL, moderada entre 500 y 1.000 y grave por encima de 1.000. Cuando se juntan triglicéridos por encima de 150 y un HDL bajo, el perfil se llama dislipemia aterogénica e incluye un aumento de las partículas LDL pequeñas y densas.

¿Se puede tener el colesterol alto y no notar nada?

Es lo habitual, porque los criterios que definen el problema son de laboratorio y no de síntomas. Los umbrales de los Estándares SEA 2024 están escritos sobre valores de cLDL, colesterol no-HDL, cHDL y triglicéridos; ninguna molestia forma parte de la definición. Por eso la única manera de saberlo es la analítica que solicita el médico de cabecera.

¿Puede una pastilla para la tensión subirme el colesterol?

La ficha técnica de la hidroclorotiazida en CIMA recoge el aumento de lípidos en sangre entre sus reacciones muy frecuentes, es decir, en al menos una de cada diez personas tratadas, junto con la bajada de potasio. La del amlodipino, en cambio, indica que no se ha relacionado con alteraciones de los lípidos plasmáticos. Si su colesterol ha subido sin cambios en la comida ni en el peso y toma un diurético, es un dato que merece comentarse en la consulta, nunca una razón para suspender el tratamiento por cuenta propia.